martes, 17 de julio de 2012

COMPROMETIDO CON LA ENERGÍA RENOVABLE


Por Manuel Gómez Peña


Robert Swan a los 33 años se convirtió en la primera persona en caminar al Polo Norte y al Polo Sur. El año pasado tuve la oportunidad de conocerlo y de platicar con él. Cuando definió el objetivo de caminar a ambos polos no tenía claridad de cómo lograrlo, pero tenía muy claro que no se rendiría hasta conseguirlo. Caminó más de 1,440 kilómetros para llegar al Polo Sur, soportando temperaturas de -80 Celsius, y siendo testigo de cómo se derriten los glaciares por el calentamiento global.

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En 2005, Lee Scott, entonces CEO de Walmart Stores, definió un objetivo aspiracional y sumamente retador: suministrar toda su operación actual y futura con 100% energía renovable. No definió un plazo, ni un camino preestablecido para lograrlo. Sin embargo, marcó una dirección clara. El compromiso voluntario, visionario y ambicioso es un ejemplo claro de cómo la iniciativa privada puede impulsar las energías renovables. El hecho de que sea un objetivo tan retador dado la escala y el ritmo de expansión, fomenta la innovación y reta la capacidad de ejecución.

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El sistema financiero está cada vez más enfocado en las acciones de las empresas por la sustentabilidad y hay fondos de inversión internacionales que sólo invierten en empresas que demuestran que toman acciones contundentes por la sustentabilidad. Las empresas líderes divulgan de forma transparente sus emisiones de Gas Efecto Invernadero (GEI) y tienen metas de corto y mediano plazo para reducir su huella. El utilizar energía renovable es la mejor forma de reducir las emisiones. Por ejemplo, un parque eólico de 70 MW evita la emisión de 140,000 toneladas de CO2 al año. Esto representa un porcentaje relevante de las emisiones totales de una empresa.

En adición, la energía renovable hace sentido de negocio para las empresas y contribuye a su competitividad. La energía es uno de los dos o tres principales insumos de muchas empresas. Las tarifas eléctricas están expuestas a mucha volatilidad dado el precio de los insumos que se requieren para producirla, como es combustóleo y gas natural. La energía renovable puede permitir que las empresas tengan acceso a mejores tarifas y a mayor certeza hacia el futuro.

Un proyecto de energía renovable requiere que se conjunten varias piezas de un rompecabezas: buenos recursos naturales (viento, sol, agua u otro), tierras, tecnología, conectividad, permisos, financiamiento y demanda por la electricidad. Claramente México tiene recursos naturales de primer nivel, tanto viento en Oaxaca, Tamaulipas y Baja California Norte, como solar en prácticamente todo el Centro y Norte del país. Los desarrolladores son el motor que convierte los proyectos en realidad. Un proyecto puede tomar dos, cuatro o más años en desarrollarse. Los trámites pueden tomar uno, dos o más años. Un factor crítico es la demanda asegurada a futuro ya que permite obtener financiamiento en condiciones competitivas. Por ello, la voluntad de las empresas y su compromiso de largo plazo con las energías renovables son los detonadores fundamentales de los proyectos.

La industria de energías renovables es un claro ejemplo de globalización. Los componentes de un aerogenerador son fabricados en Europa, Estados Unidos, Brasil, Asia, pero también en México. Por ejemplo, en Potencia Industrial, una empresa mexicana de clase mundial, Ingenieros de la UNAM y del Politécnico llevan a cabo investigación y desarrollo para la fabricación de componentes centrales para los aerogeneradores, hechos en México, principalmente para su exportación. Cada vez más universidades ofrecen materias en energía renovable y cada vez más ingenieros mexicanos estudian posgrados en la materia en las mejores universidades a nivel mundial y regresan a México a trabajar.

La Asociación Mexicana de Energía Eólica estima que hay un potencial para que la iniciativa privada invierta más de 20 mil millones de dólares en proyectos en los próximos diez años. Estos proyectos tendrán un impacto ambiental favorable, impulsarán el desarrollo de la industria nacional y generarán empleos en sus distintas fases. Por ejemplo, un proyecto eólico genera más de 400 empleos locales durante la construcción. Por el uso de la tierra hay una derrama económica relevante para las comunidades, tanto en fases de pre-operación y construcción como de manera regular durante la operación. Los proyectos deben tener un impacto positivo en las  comunidades.


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México tiene ventajas competitivas claras para la generación de energías renovables: gran parte del país está en la mejor franja para energía solar, tenemos niveles de viento de clase mundial en Oaxaca, Tamaulipas y Baja California, y tenemos grandes recursos para energía geotérmica e hidroeléctrica. El porcentaje de energía renovable en la red eléctrica nacional es de alrededor de 27%, incluyendo la generación hidroeléctrica de gran escala. Suministrarse con energías renovables desplaza la generación eléctrica con combustibles fósiles y altamente contaminantes, como combustóleo y, claramente, es competitiva en costos. México ha dado pasos firmes para promover la energía renovable y está en un punto crítico en su historia. El país puede y debe convertirse en un jugador relevante y líder a nivel global en energías renovables.

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Robert Swan vivió varias semanas en el Polo Sur utilizando únicamente energía solar. Actualmente lleva a cabo misiones a Antárctica con empresarios y estudiantes. Viaja alrededor del mundo en un barco accionado por energía solar, promoviendo las ventajas de las energías renovables. La visión, el compromiso y la determinación de una sola persona puede ser un detonador de las energías renovables.


martes, 26 de junio de 2012

Ya es hora de romper nuestra adicción al petróleo y de tomar en serio el camino de la eficiencia energética y las energías renovables

Por Odón de Buen R.
Twitter: @demoente
En México nos enfrentamos a muchos retos que se irán acentuando en el futuro cercano. En particular, se ubican dos mayores que derivan a otros relacionados: el del desarrollo económico y social, que tiene que ver con la necesidad de generar empleo creciente y bien remunerado, y está el del medio ambiente ante el creciente deterioro y con grandes necesidades de remediación de lo ya afectado.
En cuanto al desarrollo económico y social, México hoy depende en una manera desproporcionada del petróleo y de los combustibles fósiles para sus ingresos fiscales y para mover la economía. En lo fiscal, las exportaciones petroleras significan una tercera parte de lo que obtiene el gobierno en su presupuesto de ingresos. En lo energético, México depende en más de 90% de combustibles fósiles para funcionar.

Esta dependencia energética del petróleo y los combustibles fósiles contribuye, a su vez, al deterioro ambiental en aire, agua y suelos, con impactos en la salud de muchos mexicanos y un alto costo social y económico. Un estudio reciente estima que  74 millones de personas, que viven en 72 desarrollos urbanos, podrían estar expuestas de manera crónica a la contaminación del aire y a los riesgos de salud que esto implica.
Sin embargo, las políticas públicas que se aplican, proponen y plantean para atender estos retos, sólo buscan reproducir el desarrollo basado en combustibles fósiles y, además, dan señales económicas contrarias al desarrollo de las alternativas que permitan enfrentar los retos del futuro. Igualmente, las políticas públicas se plantean ante evidencias crecientes de que México pierde capacidad de producción petrolera, aumenta la importación de combustibles fósiles (ante escenarios de costos crecientes de estos energéticos) y se incrementa la contaminación resultante.
Peor aún, en México nos gastamos una buen parte de los ingresos petroleros en subsidiar el consumo de energía (gasolina y electricidad), y lo hacemos de una manera que ni siquiera tiene un impacto social positivo (que es la justificación política de los subsidios). Tan sólo en la gasolina y el diésel,un estudio realizado para el Congreso de la Unión anota que los hogares con los ingresos más bajos del país concentraron el 2.8% del subsidio total, mientras que los hogares con los ingresos más altos concentraron el 19.1%.

Para completar el escenario, el presupuesto nacional apoya de modo insignificante el desarrollo de las alternativas que nos permitirían enfrentar el futuro, las cuales, de manera genérica, son la eficiencia energética y las energías renovables. Esto se muestra con la diferencia abismal que hay entre los cerca de 300,000 millones de pesos anuales del erario público para cubrir lo que no pagan los usuarios de la gasolina y la electricidad, versus los 9,000 millones que la ley del 2008 asignó por tres años a la SENER para fomentar la transición energética (y que ya no van a seguir fluyendo a partir de 2013).

Por todo lo anterior, es urgente que México redefina prioridades y, cuando menos, le dé un lugar de igual importancia al desarrollo de las alternativas al petróleo que lo que le da al petróleo. Para esto, lo más adecuado es definir metas ambiciosas, acompañadas por una política de Estado que sea integral y transversal sobre las siguientes áreas de acción:
  • Energética. En esta línea se deben definir las metas y ensamblar la institucionalidad energética que las apoye cabalmente, lo cual debe ocurrir en la instancia federal pero también en las estatales y municipales.
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  • Ambiental. Reconocer los costos del deterioro ambiental (en aire, agua y suelo), derivados de los impactos negativos de las alternativas tradicionales.
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  • Fiscal y presupuestal. Impulsar y establecer una nueva visión sobre los subsidios, que permita aprovechar los que ya existen para apoyar a los usuarios finales a ser más eficientes y a aprovechar las energías renovables. Igualmente, una nueva visión presupuestal, que apoye las necesidades de infraestructura de transmisión y distribución de la electricidad, como también un transporte más eficiente y eficaz de personas y mercancías.
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  • Social.  Por un lado, apoyar directamente a quienes lo requieran, pero mediante esquemas distintos a los subsidios energéticos. Por el otro, definir esquemas de reconocimiento a los servicios ambientales en los territorios donde se ubican en abundancia los recursos de energías renovables.Inclusive, reconocer plenamente que un mayor aprovechamiento de las oportunidades de uso eficiente y de energías renovables debe traer un número importante de empleos en manufactura, instalación y operación y mantenimiento de equipos y sistemas relacionados.
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  • Territorial. Reconocer y operar hacia un reordenamiento del territorio en cuanto a su uso, que establezca ciertos derechos de aprovechamiento en zonas urbanas (el derecho al sol) y que involucre no sólo la re-densificación en zonas urbanas, sino también la seguridad jurídica de aprovechamiento en zonas ricas en recursos de energías renovables.
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  • Industrial. Un escalamiento serio y con metas del aprovechamiento de energías renovables, pues un país con una economía del tamaño de la mexicana y en una región del mundo donde se puede competir en mercados de manufactura de alto nivel tecnológico, hace indispensable una política industrial que lo alimente y lo haga crecer.
 
En muchos sentidos, la Iniciativa Mexicana para las Energías Renovables (IMERE), que propone el escalamiento rápido y responsable de las energías renovables para hacer a México más competitivo, alcanzando beneficios sociales, económicos y ambientales para todos los mexicanos, está alineada con estas necesidades y, por lo mismo, tengo el honor y la gran oportunidad de apoyarla.

Igualmente, esperamos que la sociedad mexicana la apoye y lleve a que los candidatos de elección popular (desde los que buscan la Presidencia de la República hasta los que pretenden lograr espacios en los gobiernos municipales) reconozcan la importancia estratégica de una nueva visión sobre el sector de la energía e integren propuestas como las que planeta la IMERE.



jueves, 3 de mayo de 2012

¿Qué es lo que la IMERE propone?


Los miembros de la IMERE han identificado varios temas clave que es necesario abordar para escalar óptima y rápidamente las renovables; éstos se resumen en cinco propuestas principales:

1.    Establecer metas ambiciosas pero alcanzables para las energías renovables al 2018, 2030 y al 2050 tanto para generación de energía como para electricidad. Es necesario que al final del próximo sexenio la generación de electricidad a través de fuentes renovables sea de por lo menos 24%.

2.    Establecer mecanismos de contraprestaciones justas entre CFE y los productores de energía renovable con base en el cálculo de los costos sociales asociados con la producción de energía con fuentes convencionales como los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) y no fósiles como la nuclear.

3.    Disminuir en por lo menos 35% los subsidios a combustibles fósiles, eliminar subsidios en la electricidad, compensar a los grupos de menores ingresos y reorientar el gasto público al desarrollo y expansión acelerada de las energías renovables.

4.    Diseñar mecanismos robustos de apoyo para el impulso al desarrollo y manufactura de materiales, equipos y sub-componentes para todas las tecnologías de energía renovable en las que México podría demostrar tener ventajas competitivas con el exterior.

5.    Asegurar el acceso a la red de transmisión y distribución para las energías renovables e impulsar la inversión federal para la ampliación del sistema eléctrico nacional hacia zonas con alto potencial de recursos de energía renovable.


Cada una de las propuestas será desglosada posteriormente para justificar su importancia y por qué se contempla como uno de los cambios necesarios que requiere el país.

miércoles, 7 de marzo de 2012

¿Qué es la IMERE?


La Iniciativa Mexicana para las Energías Renovables (IMERE) es un grupo conformado por expertos y líderes del sector privado, la academia y sociedad civil que propone el escalamiento rápido y responsable de las energías renovables como el camino para convertir a México en un país más competitivo y menos dependiente de los combustibles fósiles, generando con ello importantes beneficios sociales, económicos y ambientales para todos los mexicanos.

La IMERE busca también el involucramiento de la ciudadanía para concretar una movilización social que demande enérgica y conjuntamente el desarrollo de las energías renovables en el país.



¿Quiénes conforman la IMERE?


Odón de Buen
Es Ingeniero Mecánico Electricista por la Universidad Nacional Autónoma de México y tiene Maestría en Energía y Recursos por la Universidad de California en Berkeley. Fungió como Director General de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía de México (CONAE) por siete años y medio, hasta 2003.
Actualmente es consultor para organismos nacionales e internacionales temas de ahorro de energía y energías renovables, además de ser editor de Transición Energética, una página en Internet especializada en temas de energía.



Vicente Estrada-Cajigal


Es Ingeniero Mecánico Electricista egresado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM y desde 1990 es Director General y Administrador de la empresa SOLARTRONIC, S.A. de C.V. Es miembro fundador y actual Presidente de la Asociación Nacional de Energía Solar; forma parte de la International Solar Energy Society y es socio fundador y Presidente del Cluster Mexicano de Energías Renovables.

Fue representante de México ante la Red Iberoamericana de Solarimetría y ha sido consultor para el Centro de Investigación en Energía y el Instituto de Ingeniería de la UNAM, así como de la Comisión Federal de Electricidad, Sandia National Laboratories y del National Renewable Energy Laboratory en Estados Unidos.


Adrián Fernández Bremauntz

Tiene una Licenciatura en Biología-Ecología de la Universidad Autónoma Metropolitana, una maestría en Ciencia y Tecnología Ambiental y un Doctorado en Ciencias Ambientales ambos del Colegio Imperial de Ciencia, Tecnología y Medicina de la Universidad de Londres.

Actualmente es asesor en temas de sustentabilidad ambiental de la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana, asesor de la Fundación Climate Works en su iniciativa para América Latina y asesor de la División de Cambio Climático y Sustentabilidad del Banco Interamericano de Desarrollo.

De 2005 hasta principios de 2011 fue Presidente del Instituto Nacional de Ecología, del cual anteriormente fue Director General por 11 años. Hizo investigaciones posdoctorales y durante varios años fue instructor visitante en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Es autor y co-autor de numerosos artículos de divulgación y arbitrados así como de varios libros.

Rodrigo Gallegos

Rodrigo Gallegos Toussaint es es maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard y Economista del Instituto Tecnológico Autónomo de México ITAM.

Actualmente es Director de Tecnología y Cambio Climático  del Instituto Mexicano para la Competitividad. De igual manera participa como columnista en el periódico El Economista y publica como invitado especial en: Foreign Affairs, Este país, Política Digital y  Expansión.

Hoy en día forma parte del Consejo de expertos para la Vision 2020 de Climate Works, Climate Action Tracker y Política Digital. Previo a su posición actual, fungió como asesor del Gabinete Social 2 años, como consultor para el Programa de  Desarrollo de las Naciones Unidas en Asia y como Investigador Financiero del Banco de México


Manuel Gómez Peña

Es licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Administración Pública y Privada de la Universidad de Yale.

Manuel ha ocupado diferentes direcciones dentro de Walmart de México y Centroamérica, incluyendo las de Planeación Estratégica, Comercialización y Desarrollo de Nuevos Negocios. Actualmente se desempeña como Director de Sustentabilidad, liderando las iniciativas de energía renovable, eficiencia energética, gestión de residuos, conservación del agua, agricultura, productos y empaque sustentables del grupo. Su experiencia en Planeación Estratégica, especialmente en las industrias de servicios financieros y telecomunicaciones, le ha permitido desarrollarse en diferentes ámbitos. Previamente, trabajó para el gobierno mexicano en la promoción de la inversión privada y fue consultor en Mckinsey& Co.

Pablo Gottfried

Cursó la licenciatura en Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey y concluyó una maestría en ciencias ambientales en la Florida International University. Actualmente Pablo es Director General de Fuerza Eólica, la empresa pionera en el desarrollo de proyectos eólicos en México, y miembro del consejo directivo de Grupo Fuerza Industrias Eléctricas. Desde el 2003, Pablo ha sido responsable del desarrollo de un portafolio de proyectos eólicos de más de 500 MW.

Es miembro fundador y Consejero de la Asociación Mexicana de Energía Eólica. Lidera los esfuerzos de AMDEE para establecer una ruta clara con el Gobierno del Estado de Oaxaca para la regularización de terrenos de propietarios en el Istmo de Tehuantepec. Ha participado en diversas conferencias y publicaciones especializadas en energías renovables.

Gerardo Pandal

Es licenciado en Medios y Estudios Culturales por la Universidad de Maquarie, en Sydney Australia y su formación profesional incluye varios diplomados internacionales en psicología transpersonal, en diseño y construcción sostenible y en sustentabilidad. Gerardo es director de Energías Renovables y Eficiencia Energética de la empresa Guascor de México, filial de Grupo Guascor de España. Es socio fundador de Conciencia Ambiental, organización dedicada a la consultoría para el desarrollo de proyectos sostenibles.

Es fundador y consejero de The Climate Reality Project México, filial de la organización internacional fundada por el ex vicepresidente de Estados Unidos y premio Nobel de la Paz, Al Gore, la cual tiene como objetivo crear conciencia sobre los problemas y los retos que nos presenta el calentamiento global.

Vanessa Pérez-Cirera

Es licenciada en Economía por la Universidad Iberoamericana (México), maestra en Políticas Públicas y Desarrollo y doctora en Economía y Política Ambiental por la Universidad de York en el Reino Unido.
Es Directora del Programa sobre Clima y Energía para el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF-México). Anteriormente, trabajó en el análisis y diseño de instrumentos y políticas públicas en la entonces Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP), en donde apoyó el desarrollo de criterios de eco-eficiencia en la pequeña y mediana empresa y en la construcción de un modelo de equilibrio general de cambio climático para evaluar el impacto macro-económico de diferentes políticas de mitigación.


Omar Vidal

Omar realizó estudios de biología marina en Colombia y es Ingeniero Bioquímico con especialidad en Ciencias Marinas y Maestro en Ciencias del ITESM-Campus Guaymas. Actualmente es Director General de WWF en México y el Arrecife Mesoamericano (Belice, Guatemala y Honduras) y tiene más de 25 años de experiencia en manejo y conservación de recursos naturales, trabajando con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Foro de las Naciones Unidas sobre Bosques (UNFF), universidades y organizaciones no gubernamentales en América, África, Europa y Asia.

Durante su carrera ha hecho investigación científica en México y otros países de América Latina, y ha publicado extensamente sobre temas de conservación. Fue profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) en Guaymas, Sonora; Oficial de Medio Ambiente del PNUMA sobre asuntos globales marinos y de agua dulce (en Nairobi, Kenia), Vice-coordinador del Programa de Acción Mundial para la Protección del Medio Marino de las Actividades en Tierra (en La Haya, Países Bajos) y trabajó con el PNUMA en Bahrein con los gobiernos del Golfo Pérsico, Mar Rojo y Golfo de Adén en conservación y desarrollo sustentable. De regreso a México, en 2002, trabajó con la Oficina Regional del PNUMA en América Latina y el Caribe, desarrollando proyectos multinacionales para el Global Environment Facility (GEF).

¿Qué son las energías renovables y por qué es primordial apoyarlas?

Las Energías Renovables son aquellas cuya fuente se encuentra en fenómenos de la naturaleza, procesos o materiales capaces de ser transformados en energía, y que se regeneran naturalmente, por lo que se encuentran disponibles de manera continua.

Las tecnologías de las energías renovables se traducen en eólica, geotérmica, hidráulica, solar, bioenergía y mareomotriz.

En México, 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provienen de la producción de energía ya que ésta se genera en un 90% a partir de la quema de combustibles fósiles. Las proyecciones indican que aumentaremos nuestro consumo energético en un 3.3% anual, lo que implicaría un aumento en las emisiones de GEI en un 230% antes del 2030.

El apoyo a las energías renovables es fundamental pues los efectos del cambio climático afectan a todos los humanos y México es un país especialmente vulnerable a las consecuencias del cambio climático. Los fenómenos climáticos cada vez son más frecuentes y tienen mayores impactos; las sequías, inundaciones e incendios se están presentando con mayor frecuencia en México y de no hacer algo al respecto las consecuencias cada vez serán más fuertes y devastadoras.

Al utilizar energías renovables en lugar de combustibles fósiles se reducen significativamente las emisiones de GEI provenientes de la producción de energía lo que se traduce en un beneficio directo al medio ambiente y a la salud. Las fuentes para producir energías renovables además se regeneran naturalmente por lo que las encontramos ilimitadamente lo que además genera certidumbre en los precios de los energéticos producidos por medio de fuentes renovables.